skip to Main Content
Crisis Actual La Falacia Del Modelo De Desarrollo

Crisis actual: la falacia del modelo de desarrollo

El siglo XXI ha saludado a la humanidad con una estela meteórica de cambios profundos en prácticamente todas las esferas de la vida humana, dinámica que se ha venido incrementado por el alto desarrollo tecnológico y la creciente industrialización, todo lo cual ha afectado dramáticamente a la humanidad y en general a la vida planetaria, al estar ligados a una visión del mundo concebida en el marco del paradigma mecanicista, lineal, fragmentario y simplista de la realidad.

Esta dinámica, acentuada en las recientes décadas, se constituye en una de las expresiones más evidentes del caminar de los seres humanos sobre el planeta tierra, y está llevando a la humanidad a un punto de difícil retorno. Los seres humanos, al relacionarse entre sí y con el sistema de la vida, estamos generando grave riesgo para su nuestra propia supervivencia.

La evolución de la humanidad se ha caracterizado por la presencia y manifestación de diversas necesidades de los grupos sociales; en principio las más relevantes fueron las necesidades básicas para la supervivencia, tales como el vestido, la alimentación, la vivienda y diversos aspectos que brindaran seguridad individual y familiar. Más importantes aún fueron las necesidades de interrelación social, desarrollo intelectual y cultural.

Tal dinámica permanente de la humanidad, la interacción de seres vivos en su entorno, esa dinámica continua de preguntas y respuestas, de inquietudes y sosiegos propias de lo humano, son el germen de la esencia de lo vivo, su auto regeneración: “La percepción estética es el punto de partida del proceso de cognición del mundo, holística y autopoietica (Cerdas 2006, p 13).

Así, la travesía humana sobre la tierra ha transcurrido por etapas sucesivas, las cuales han sido sostenidas por los paradigmas mediante los cuales se da explicación a los fenómenos de la relación seres humanos y su entorno. Rupert Sheldrake, (1994), en El renacimiento de la naturaleza, plantea en líneas gruesas tres momentos: primero, una visión  animista en la cual primó la relación de los seres humanos con la naturaleza en términos de respeto y equilibrio, de sacralidad. Segundo, una visión mecanicista propia del enfoque de las ciencias en el sustento del paradigma cartesiano y newtoniano: y, finalmente, una tercera visión en gestación y por consolidar en la realidad actual y futura en los términos de la visión holística, integral y ecológica, el paradigma emergente.

De esto se desprenden dos visiones: primera, entre tanto los seres humanos asumieron una teoría vitalista para la comprensión de la vida y la naturaleza, lograron establecer una relación de equilibrio en las relaciones humanos, planeta, vida, universo. Fue un periodo que se caracterizó por asumir la vida como sagrada y se entendería que en esta visión el ser humano privilegió la creación por sobre la destrucción y se reconoció ínfimo frente a la grandeza de la naturaleza, esto es comparable, al tenor de Boff (2000, p. 19; 22), en La dignidad de la Tierra,  a una visión ecológica donde “todo lo que existe preexiste, y todo lo que coexiste y preexiste subsiste a través de una tela infinita de relaciones omnicomprensivas” …porque “la ecológica exige una visión de totalidad: esta no es resultado de la suma de las partes, sino de la interdependencia orgánica de todo con todo”.

Y segunda, muy a pesar de las generaciones posteriores, en el imperio de la visión mecánica se asumió la grandeza del ser humano por sobre la del universo, ha sido el reino de la desacralización de los fenómenos de la vida y por las coincidencias históricas, al unirse tal visión   a   la   revolución   industrial,  sus impactos y particularidades  se   potenciaron   en   unas tendencias que después de poco más de doscientos años han construido y sostenido un modelo de desarrollo a partir del agotamiento de los recursos naturales, como resultado de la asunción de un modelo que fracciona, que desconoce las redes de relaciones y los lazos vinculantes en todas las dimensiones de la vida, “el ser humano, especialmente a partir de la revolución industrial se reveló como un Ángel exterminador de la tierra, pero puede tornarse en un Ángel de la guarda” (Boff 2000, p, 29).

En este contexto, asumido el paradigma del ser humano como más grande que todo cuanto le rodea y más poderoso, inteligente y racional que todo cuanto existe, se gestó y se consolidó una de las más difíciles crisis por la que haya tenido que trasegar la humanidad, la actual crisis planetaria que ha afectado todas las dimensiones de la vida humana. En este paradigma, el uso indiscriminado de los recursos de la naturaleza, su agotamiento, el manejo inadecuado de los procesos de producción los cuales son altamente contaminantes, la disposición final malsana de los residuos, el privilegiar un modelo centrado en el consumo, tienen implícita la realidad del ser humano que por creerse grande y por sobre todo lo demás, ha llegado a las décadas más prolíficas de su acción creadora pero dejando una estela de destrucción.

Como alternativa se ha venido fundamentando y apropiando una nueva visión en la comprensión de los fenómenos de la vida, construida durante el siglo XX y lo corrido del XXI, a partir de los descubrimientos maravillosos de la física cuántica y el develamiento de las múltiples variables y relaciones complejas y diversas implicadas en toda la existencia.

En el fondo de las anteriores afirmaciones lo que se cierne es una realidad: la existencia de lo humano y la forma como se relaciona con el contexto, cómo lo percibe, cómo lo siente, cómo lo vive, cómo lo crea y cómo lo recrea. Y en la relación dinámica con otros seres vivos y con el entorno, el ser humano conoce desde los sentidos, percibe, interactúa con la realidad que conoce: “no es un contemplador pasivo de una realidad ajena a su ser, sino que se involucra” (Cerdas, 2006. p, 16).

This Post Has 2 Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *