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La Oportunidad Que Tenemos De La Competencia A La Colaboracion Del Tener Al Ser

La oportunidad que tenemos, de la competencia a la colaboración, del tener al ser…

Un modelo de desarrollo concebido en el paradigma mecanicista, desde la visión patriarcal y que define como el elemento por excelencia de su éxito la existencia del “mercado”, no puede ser la respuesta a las necesidades humanas. Ya lo evidenció Gudynas (2004) “Las corrientes mercantiles postulan que el mercado es el mejor escenario social para la interacción de las personas (…) y en el neoliberalismo se llega al extremo de reducir los derechos personales a los del mercado (….) y se apuesta a que las fuerzas del mercado dispararían el crecimiento económico, el que a la larga, resolvería la pobreza” (p.132).

Es evidente que ni Smith, Ricardo, Friedman, y mucho menos “los Chicago Boy´s” han logrado con sus planteamientos y modelos desaparecer la pobreza, la cual se ha acentuado y cada vez con más frecuencia toca las puertas de “las naciones ricas”. Al contrario, el modelo de desarrollo ha llevado a que las políticas sociales, educativas, ambientales y de la salud se “economicen”, es decir, se pretende que ellas se enmarquen en el modelo económico y por tanto pierden su esencia natural.

El filósofo Michael Sandel ha planteado la discusión en términos no solo de crisis del modelo de desarrollo económico, sino también en términos de desarrollo social; Él se pregunta, “¿Qué pasa cuando solo pasa el mercado?, para relievar que el mercado ha rebasado sus propios límites y permeado la vida social hasta puntos inadecuados, como por ejemplo el hecho que hoy en día prácticamente todo se vende y todo se compra, es decir todo tiene precio”. (Diario El Espectador, Entrevista de Marcel Ventura, 29 enero 2014).

“En las últimas tres décadas, y sin darnos cuenta, hemos pasado de una economía de mercado a una sociedad de mercado. La diferencia es que una economía de mercado es una herramienta para organizar las actividades productivas, mientras que una sociedad de mercado es aquella en donde todo está a la venta(…) Debemos reclamar las grandes preguntas de la economía y no dejárselas a los tecnócratas, mientras más concibamos la economía como una ciencia, no solo dejamos por fuera la ética, también marginamos a los ciudadanos democráticos(…) y ponerle precio a todo hace que la desigualdad impere aún más y deja por fuera todos aquellos valores que tienen importancia intrínseca, no instrumental” (Sandel. 2013, citado por Ventura).

Ya se ha evidenciado, “el modelo de desarrollo vigente, privilegia el consumo y el tener, por sobre el gozo pleno, el vivir y el ser. Como consecuencia del modelo de desarrollo, la humanidad camina a pasos acelerados hacia su autodestrucción resultado de un modelo de desarrollo que agota los recursos de una manera irracional, sobre la base de un imaginario vacío: “vivir al máximo el momento presente”, y sin el mínimo recaudo de responsabilidad por la sustentabilidad futura de la especie humana y del sistema de la vida planetaria, fenómeno de la cultura actual que genera serias afectaciones en diversas dimensiones de las personas como su salud física y mental, su manera de relacionarse con los otros y las otras y también su forma de relacionarse con el entorno(…)

 En esta percepción de la realidad hacemos una alerta, un llamado al cuidado y a educar a la sociedad, como dice Boff (2000 p. 38) en la economía de lo suficiente de una manera agradable, sinérgica y articulada que lleve a un desarrollo sostenible” (Duarte y Otras, Rizoma L3J 2013).

Esto implica, como lo plantea Boff,  (1996), pensar a partir de la complicidad del universo entero, de la constitución de cada ser y actuar desde la conciencia de la inter-retro-relación  que todo guarda entre sí en términos de ecosistemas, de especies, a partir de las cuales se sitúa el individuo (p.37), actuar dentro de la lógica inclusiva de la complejidad,  perpetuando el sentido de la solidaridad cósmica. En este devenir la conciencia humana se constituye en un tipo especial de relación. Este nuevo paradigma o esta nueva filosofía supondrá una forma nueva de orientar el sentido de nuestra vida y nuestra percepción y relación con la realidad y consistirá, afirma Boff, en un “paradigma de religación con la naturaleza”  (p24-25), que nos devuelva nuestro sentido de pertenencia a ésta y de vínculo con todos sus elementos.

Pero, ¿dónde buscar el principio articulador de una sociabilidad distinta? La naturaleza nos enseña que la ley básica del universo no es la competencia que divide y excluye, sino la cooperación que agrupa e incluye. Para convivir planetariamente debemos acabar con la competencia que genera individualismo, acumulación y consumismo e instaurar una cooperación capaz de generar comunidad y participación de todos y todas en todo aquello que nos interesa a todos y todas.

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